Métodos de Riego:
El agua la necesitan todas las plantas, pero no en igual medida. Algo tan evidente es a menudo el motivo de fracasos, como son unos tomates acuosos e insípidos o unas zanahorias correosas. Si las hortalizas se cultivan al aire libre en parcelas, conviene agruparlas (además de tener en cuenta sus afinidades o contraindicaciones) en función del agua que necesiten, de modo que todas reciban la cantidad necesaria. El empleo de recipientes (cubos o similares) permite una de limpieza y preparación del dosificación más individualizada.
Los dos métodos de riego más adecuados para el huerto son el de aspersión y el de infiltración lateral, al que podemos añadir el de goteo cuando se emplean cubiertas para determinadas hortalizas. Conviene seguir algunas reglas generales para evitar problemas y para racionalizar el uso del agua. Así, durante las épocas de más calor deberá evitarse hacer el riego cuando el sol está alto, pues la evaporación es muy elevada. Además, si se hace rociando directamente las plantas, las pequeñas gotítas actúan a modo de lentes y llegan a quemar los tejidos. La mejor hora para hacerlo es, por tanto, el atardecer o por la noche. También hay que evitar que el agua esté demasiado fría, como suele suceder en verano si se recoge directamente de un pozo. Si se emplea una regadera, se deja algún tiempo al sol para que se caliente.
Para regar con manguera, se utilizará un aspersor, pues el chorro directo tiene una gran fuerza y en ocasiones rompe y daña las hortalizas. Otra norma general es no regar cuando está próxima la cosecha y tampoco hacerlo sobre el terreno donde crecen hortalizas de raíz, ya que podrían producirse enfermedades como la podredumbre.
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| Aspersor |

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